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Propuesta Garrotxa Cultour
Ruta Medieval

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Ruta Medieval

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Adéntrate en el pasado medieval de la Garrotxa recorriendo puentes, iglesias y otras construcciones repletas de historia.

Descripción

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Monasterios, poblados medievales, iglesias y por encima de todo castillos son algunos de los vestigios que la Garrotxa conserva de su pasado medieval.
La Edad Media es el período comprendido entre la caída del Imperio Romano, siglo V, y el siglo XV. Son diez siglos que se dividen en la Alta Edad Media (del siglo V al X) y la Baja Edad Media (del siglo XI al XV).
Durante el primer tercio del siglo VIII, en la expansión hacia Occidente de la civilización musulmana, los árabes se establecieron en una gran parte de la península ibérica. La Garrotxa no fue una excepción y, a pesar de no haber encontrado ningún asentamiento, se sabe que estuvo bajo dominio musulmán durante 60 años.
Para entender lo que hoy sería Cataluña, tenemos que situarnos en el siglo IX, cuando se crearon los condados catalanes. Porque la reacción de los monarcas francos ante la invasión musulmana, con Carlomagno al frente, fue reconquistar los territorios de la zona de los Pirineos. Fue la creación de la Marca Hispánica. La frontera con el territorio musulmán se fijó en una línea situada a lo largo de las cuencas del Llobregat y el Cardener.
La necesidad de defender la frontera propició la creación de territorios más pequeños dirigidos por una sola persona. Por eso se crearon los diferentes condados catalanes de la Marca Hispánica, entre ellos el de Besalú, y apareció la figura de conde, nombrado por los reyes carolingios.
En un primer momento, el condado de Besalú dependía del condado de Girona, pero gracias a la reordenación territorial llevada a cabo por Guifré el Pelós, a finales del siglo IX, se convirtió en un condado independiente. La Garrotxa, tal como la conocemos hoy, formaba parte del condado de Besalú, que se extendía desde los valles de Camprodon hasta los municipios de Banyoles y Figueres.
La capital del antiguo condado, la villa de Besalú, es uno de los conjuntos medievales más singulares de Cataluña, ya que todavía conserva su estructura medieval y disfruta de importantes vestigios que nos hacen regresar a la Edad Media.
Uno de los condes más conocidos fue el conde-obispo Miró Bonfill, creador de la iglesia de Sant Vicenç – que según parece podría ser la primera iglesia construida en el municipio – y fundador del monasterio de Sant Pere de Besalú. Sin embargo, Bernat I, conocido como Bernat Tallaferro, fue el conde que tuvo más protagonismo. Durante su mandato (988-1020) el condado de Besalú alcanzó su máxima influencia y llegó a ser sede episcopal.
Años más tarde, en tiempos del conde Guillem el Gras, se construyó uno de los elementos más emblemáticos de la villa: el puente medieval. Se encuentra documentado desde el siglo XI, aunque se cree que en aquellos momentos no tenía la forma actual. En la época condal, en la torre se instaló el pagus condal, una especie de peaje en el que se cobraba un dinero para pasar a caballo, un óbolo para cruzar a pie y la misma cantidad por bestia cargada.
En los siglos XI y XII, cuando se constituyó la sociedad feudal, todos los condados se vincularon con el de Barcelona. También fue entonces cuando empezó la reconquista de lo que actualmente llamamos Cataluña Nueva.
El feudalismo es el sistema político, económico y social propio de la Edad Media. Todos los condados se dividían en pequeños territorios semiindependientes llamados feudos. Los señores feudales daban protección a sus vasallos a cambio de trabajar sus tierras y pagar unos tributos. Solo podían ser señores feudales aquellos que eran nobles o disfrutaban de la protección de la Iglesia o de los condes.
Los payeses que trabajan las tierras estaban sometidos a los llamados malos usos, unos gravámenes y obligaciones de los campesinos hacia su señor. Entre otros, los campesinos y toda su descendencia estaban vinculados a la tierra de su señor y no podían abandonar la masía donde trabajan sin su autorización Eran conocidos como payeses de remensa.
Fue precisamente en este contexto económico y social que proliferaron los castillos, los monasterios y las iglesias, que a su vez fueron la semilla de la mayoría de los pueblos y núcleos. La población se refugiaba bajo la protección del poder militar, el señor y su castillo, o bien bajo el poder eclesiástico, gracias a los acuerdos de Paz y Tregua de Dios.
En la Garrotxa encontramos numerosos vestigios de antiguos castillos, que no solo cumplían funciones defensivas, sino que también eran lugar de residencia de señores feudales y nobleza. En Argelaguer aún podemos encontrar restos del antiguo castillo de los señores de Montpalau, que en el siglo XIII tomaron la gestión del territorio y vivieron allí hasta bien entrado el siglo XV, cuando se trasladaron a un castillo dentro del pueblo. Actualmente, en el centro de Argelaguer, en el núcleo medieval, aún podemos ver el castillo y los restos de su muralla, en zonas como en la calle de la Muralla y, en la cara norte de la iglesia, muy cerca del castillo, encontraremos la reproducción y señalización de la necrópolis.
Santa Pau es el claro ejemplo de pueblo medieval cuyo núcleo urbano se formó al abrigo del castillo de los barones de Santa Pau. El casco antiguo del pueblo aún conserva la estructura urbana medieval, destacando la plaza Major, también conocida como Firal dels Bous, porque desde el año 1300 albergaba un importante mercado.
En Sant Joan les Fonts se puede visitar la casa fuerte Juvinyà, datada en los siglos XII – XIV, residencia de la familia de caballeros que le da nombre. En su interior, la exposición permanente nos habla del mundo de los caballeros, del pasado medieval y del molino harinero que existió antiguamente. Otros lugares del pueblo también son testimonio de su pasado medieval, como el monasterio benedictino datado en el siglo XII y declarado Bien Cultural de Interés Nacional; el castillo de Juvinyà, que se convierte en una de las joyas románicas del Alt Fluvià, o el puente medieval del siglo XIII, en el que recientemente se han llevado a cabo unas excavaciones que han dejado al descubierto el antiguo pavimento medieval.
En La Vall d’en Bas encontramos dos núcleos que aún conservan parte del patrimonio medieval: El Mallol y Puigpardines. El Mallol era el centro administrativo del vizcondado de Bas. Su castillo, del que se tienen referencias desde 1204, fue residencia de los vizcondes de Bas y se sabe que estaba extraordinariamente fortificado con una gran muralla. En Puigpardines también quedan unos pocos restos del castillo, construido por los señores de Puigpardines entre los siglos XII y XIII. Fue reformado en el siglo XIV y abandonado en el XV.
Otros pueblos, en cambio, tienen su origen alrededor de edificios religiosos. Durante este período, el poder de la Iglesia aumentó gracias a las donaciones de tierras por parte de nobles y reyes, llegando a conseguir una estructura firme y centralizada. Es en este contexto cuando se crean monasterios e iglesias por todo el territorio.
En Sant Feliu de Pallerols encontramos un ejemplo destacable, la sagrera, una zona declarada de inmunidad que protegía contra el vandalismo y estaba situada a 30 pasos alrededor de las iglesias. Las sagreras surgieron gracias a las asambleas de Paz y Tregua de Dios, impulsadas por el obispo Oliba en el siglo XI, como respuesta de la Iglesia y los campesinos a los abusos de los señores feudales. Estos acuerdos condenaban a la excomunión a todos aquellos que hicieran actos de violencia cerca de los edificios religiosos, de modo que estos espacios se convirtieron en un lugar seguro donde vivir.
De esta manera, en los siglos XII y XIII, la iglesia se fue rodeando de masías y pequeñas casas. Así nació el pueblo de Sant Feliu de Pallerols. En el siglo XIV, los señores de Hostoles creyeron conveniente ampliar el núcleo de la sagrera, que estaba justo al lado de la iglesia parroquial, creando el nuevo pueblo. A finales de este siglo, este ya estaba completamente fortificado y contaba con tres portales de acceso. La muralla cerraba la ciudad por el norte, este y sur, mientras que por el oeste, era el río el que hacía las funciones de cierre natural.
En la Garrotxa encontramos otros ejemplos de sagrera, como en Riudaura, donde durante el siglo XI se empieza a crear un núcleo de población alrededor del monasterio de Santa Maria de Riudaura. No obstante, debido a los terremotos del siglo XV, que afectaron gran parte de la comarca, el monasterio se destruyó y solo permaneció la torre redonda que todavía podemos visitar. Tortellà también es un caso parecido al de Riudaura y Sant Feliu de Pallerols. El núcleo urbano, como muchos otros pueblos de la Garrotxa, se formó alrededor de la iglesia y del cementerio, en la zona de la sagrera, a principios del siglo XI.
Otros núcleos de población que se edificaron junto a iglesias y ermitas son Mieres o Sant Ferriol, que acogen, dentro su término, pequeños núcleos de población siempre alrededor de un templo religioso. Es el caso del conjunto de Romeria o de Sant Pere, en Mieres, o las iglesias de Santa Maria de Fares, Sant Miquel de Miana y Sant Fruitós d’Ossinyà, en Sant Ferriol.
La Edad Media también se caracterizó por los constantes conflictos que a menudo terminaban en guerra. Por ese motivo, alrededor de los núcleos de población se solía construir una muralla donde el epicentro era el castillo, situado en el punto más elevado. En Castellfollit de la Roca, durante esta etapa, se construyeron las murallas que protegían el castillo situado en la cima del risco basáltico y desde donde era fácil ver los ataques de los enemigos. Actualmente, quedan pocos restos de la muralla medieval, pero lo que sí se ha conservado es la estructura urbana típica de aquella época.
Algunos historiadores consideran el fin de la Edad Media con el descubrimiento de América, en 1492. En Cataluña este momento también coincide en el tiempo con una revuelta social, conocida como guerra Remensa, que marcó un punto y aparte en la época medieval catalana. El malestar de los payeses contra el estamento feudal provocó este enfrentamiento bélico liderado, en el bando campesino, por Francesc de Verntallat, de la Garrotxa. La acción militar, pero también judicial y política de Verntallat, obtuvo su recompensa en noviembre de 1486, cuando en el monasterio de Guadalupe, en Extremadura, se firmó la sentencia arbitral de Guadalupe. Con este acuerdo terminaban para siempre los malos usos y la remensa personal (por la que el payés y su familia quedaban adscritos a la masía y a su señor).
Este acontecimiento de nuestra historia, puede que no muy conocido, es transcendental y muy avanzado para su época. Debemos tener presente que en Francia, por ejemplo, los campesinos no consiguieron los mismos derechos hasta la Revolución Francesa, en 1789. Se puede afirmar que en Cataluña, y muy especialmente en la Garrotxa, la Edad Media acabó también con un importante cambio social nacido de la base de la población, la primera revolución social en el ámbito europeo.
La Edad Media es un período que se mantuvo durante 1.000 años. Desde el siglo V hasta el siglo XV, por lo tanto terminó hace poco más de ¡500 años! Durante todo este tiempo pasaron muchas cosas y fue el momento en el que nació lo que hoy conocemos como Cataluña. A principios de la Edad Media, la civilización musulmana, los árabes, invadieron toda la península ibérica y Cataluña y la Garrotxa no fueron una excepción. Los reyes de Francia, y en especial uno que se llamaba Carlomagno, empezaron a reconquistar territorios a los árabes. Un trabajo que en aquella época se hacía con cruentas guerras con lanzas, caballos, armaduras y, sobre todo, mucha gente que perdía la vida.
A golpes de espada reconquistaron buena parte de Cataluña, más o menos hasta la mitad tal y como la conocemos hoy, y crearon los condados catalanes. Uno de ellos era el condado de Besalú, que incluía la actual comarca de la Garrotxa, aunque era mucho más grande. Por eso, Besalú, al ser la capital, tiene tantos monumentos medievales, de los cuales destaca el puente. De hecho, paseando por Besalú es muy fácil hacer un salto en el tiempo e imaginar que estamos en pleno siglo XI, rodeados de caballeros y largas espadas.
En Besalú hubo un conde muy famoso e importante: Bernat I de Besalú. Todo el mundo lo conocía por Tallaferro.
Pero no todo el monte era orégano en aquella época. En el siglo XI nace lo que conocemos como feudalismo. Era una manera de organizarse en el que los condados se dividían en feudos, que vendrían a ser como las villas o pueblos actuales. Cada feudo estaba dirigido por un señor feudal cuya finalidad era proteger el territorio y su gente. Pero en realidad, los payeses que estaban bajo la protección de estos señores eran tratados casi como esclavos. Había toda una serie de abusos por parte de estos señores que se conocían como malos usos. En pocas palabras, los señores tenían todos los derechos y los payeses todas las obligaciones. Por ejemplo, los payeses y toda su familia estaban sujetos a su señor y no podían abandonar la masía donde trabajaban sin su permiso, ya que de lo contrario, lo perdían todo. Eran los conocidos como payeses remensas. Otro de estos malos usos consistía en que si la mujer de un payés cometía adulterio, el señor se quedaba la mitad de los bienes del payés, siempre y cuando el adulterio fuera consentido por el marido. Ahora bien, si el marido lo desconocía, el señor se lo quedaba todo.
Durante esta época se construyeron muchos castillos. Puesto que había mucha violencia, la gente creía que era más seguro vivir bajo la protección de los señores del castillo, por eso a su alrededor aparecieron los pueblos. Actualmente podemos ver restos de muchos de estos castillos en municipios como Argelaguer o Santa Pau.
Otros pueblos nacieron alrededor de iglesias y monasterios. ¿Pero por qué, si los religiosos no llevaban espada? Pues porque la Iglesia quería proteger a los payeses y para ello crearon un espacio seguro conocido como sagrera. Era una zona de 30 pasos alrededor de la iglesia, donde no podía haber ningún acto violento. Por eso, la gente construyó sus casas dentro de este espacio, para vivir en paz y tranquilidad. En la Garrotxa, un ejemplo de ello son los pueblos de Sant Feliu de Pallerols, Riudaura o Tortellà.
Así pues, queda claro que vivir en la Edad Media tenía sus riesgos, especialmente porque era una época de muchas guerras. Por eso, los pueblos se rodeaban de fuertes murallas. ¿Cómo te las imaginas? ¿Alguna vez has visto alguna? ¿Crees que eran eficaces para defenderse de los ataques? Recuerda que en aquel momento aún no se había inventado la pólvora y, por lo tanto, la época de los cañones y las escopetas aún no había llegado. Por eso, casi todos los pueblos estaban rodeados de estas murallas, pero la mayoría han ido desapareciendo, porque ya no eran tan útiles por culpa de los cañones y porque no había tanta violencia. Aun así, podemos encontrar restos de ellas en muchos municipios, como por ejemplo en Castellfollit de la Roca.
A finales del siglo XV se acabó la Edad Media y justo en aquellos momentos, en Cataluña, se vivió una revuelta social que conocemos como la guerra Remensa. Los payeses estaban hartos de que los señores feudales abusasen de ellos y empezaron una guerra que, precisamente, lideró un hombre de la Garrotxa: Francesc de Verntallat. Gracias a él, los payeses ganaron la guerra y se puso fin a los malos usos. Por eso, Francesc de Verntallat es considerado todavía un gran héroe.

Curiosidad

Durante los años 1427 y 1428, Cataluña fue sacudida por una serie de terremotos muy intensos que provocaron daños en las edificaciones, muertes y pánico entre la población. Sus efectos más catastróficos tuvieron lugar en lo que actualmente son las comarcas de la Selva, la Garrotxa, el Ripollès y la Cerdanya. En la Garrotxa se conservan pocos edificios anteriores a estas fechas. El terremoto más importante tuvo lugar el día 2 de febrero de 1428 y es conocido con el nombre popular de terremoto de la Candelera. Se cree que tuvo una magnitud de 6,5 en la escala de Richter y con epicentro cerca de la población de Camprodon, provocando casi la desaparición del núcleo urbano de Tortellà y otros municipios vecinos.

Datos complementarios

Recomendación: Que visites Riudaura durante las fiestas de la virgen del Rosario, el domingo de Pentecostés, cuando tiene lugar el baile del Gambeto. Se tienen referencias de este baile desde la Edad Media y forma parte de la devoción popular de la virgen del Rosario. Los chicos llevan un sombrero de copa en la mano y el gambeto sobre los hombros. El gambeto era un abrigo usado antiguamente en Cataluña, solo para hombres, que llegaba hasta media pierna y se usaba los días festivos. Las chicas se cubren la cabeza con la típica capucha blanca de lana y llevan un vestido de montaña con un delantal de seda.