Situadas a los pies del Comanegra, la cumbre más alta de la Garrotxa con 1.558 metros de altitud, las Balsas de Monars forman parte de uno de los paisajes de montaña más singulares y abiertos de la Alta Garrotxa. Este conjunto de balsas artificiales se encuentra junto a la frontera con el Vallespir, en un entorno dominado por pastos, amplias panorámicas y una larga tradición ganadera.
Construidas por el ser humano para garantizar el abastecimiento de agua al ganado, las balsas se han convertido en un elemento esencial para el mantenimiento de la actividad pastoral que, desde hace siglos, modela este sector de la Alta Garrotxa. Sin estos puntos de agua, sería difícil conservar los prados abiertos que caracterizan el paisaje de Monars y la vertiente del Comanegra, un mosaico agroforestal que favorece una elevada diversidad biológica.
Más allá de su función práctica, las Balsas de Monars se han convertido en uno de los lugares más emblemáticos de la montaña garrotxina. La combinación entre el patrimonio etnológico asociado a la ganadería extensiva, la proximidad del antiguo núcleo de Monars y las espectaculares vistas sobre la Alta Garrotxa y el Vallespir convierten este espacio en una parada imprescindible para excursionistas y amantes de los paisajes de montaña.
Hoy, las balsas constituyen un testimonio vivo de la relación histórica entre las comunidades humanas y el medio natural, un ejemplo de cómo las infraestructuras tradicionales vinculadas a los usos agropecuarios han contribuido a configurar y preservar el paisaje que conocemos actualmente.