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Propuesta Garrotxa Cultour
La Garrotxa Modernista

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La Garrotxa Modernista

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18 Elementos en esta propuesta
El Modernismo dejó una huella importante en la Garrotxa. Recorre la comarca visitando algunos de los edificios modernistas más atractivos.

Descripción

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La comarca de la Garrotxa es conocida por muchos aspectos: desde la naturaleza y los volcanes a la gastronomía y el paisaje, pasando por la arquitectura y los edificios. Es una comarca de la Cataluña Vieja y, por lo tanto, las iglesias y las ermitas románicas están muy presentes. Después del Románico, el estilo que más destaca y del que más y mejores exponentes tiene la comarca, y especialmente Olot, es el Modernismo. Esta ruta se complementa con otras dos de la ciudad: El Olot más auténtico y Los volcanes de Olot. En todas podemos encontrar agradables paseos que, destacando cada una un aspecto diferente, nos permiten descubrir varias caras de Olot.
El Modernismo es un movimiento cultural europeo de finales del siglo XIX y principios del XX, conocido como Art Noveau. Es un movimiento que busca nuevas formas modernas para expresarse y, a pesar de ser conocido fundamentalmente por la arquitectura y la pintura, abarca todas las disciplinas artísticas. Aparte de Antoni Gaudí, que es el máximo exponente del movimiento, otros nombres catalanes destacados del Modernismo, en este caso la pintura, fueron Santiago Rusiñol o Ramon Casas.
Cataluña es uno de los lugares de Europa donde el Modernismo constructivo floreció con más fuerza. Coincidió con la recuperación económica, cultural y política que contrastaba con la decadencia española del momento, aún obsesionada con la deshecha colonial de 1898. De hecho, este movimiento se convirtió en la herramienta de la nueva y potente burguesía para expresar su poder económico, su gusto artístico y su catalanidad. El Modernismo está abierto a nuevos estilos y colores, se inspira en la naturaleza, usa habitualmente la línea curva y exalta la sensualidad y la belleza de la vida.
Para hacer esta ruta empezaremos en Olot, donde visitaremos los edificios modernistas de la ciudad paseando. Incluso veremos algún edificio novecentista, que nos permitirá comprender cómo evolucionó este estilo. Después, exploraremos otros pueblos de la comarca, que también tuvieron la suerte de acoger edificios bajo el impulso creativo modernista. Para una aproximación más profunda de cada edificio recomendamos leer el texto que explica cada uno de los elementos. Veremos tanto edificios construidos desde cero a partir de estilo modernista, como otros construidos siglos antes, que se reformaron a través de este estilo.
Empezaremos la ruta en el Hospici, donde podremos visitar el Museo de la Garrotxa, un espacio donde se muestra una gran colección de obras pictóricas y escultóricas de diferentes épocas y estilos, destacando la Escuela de Olot, el Modernismo y el Novecentismo.
Subiendo al casco antiguo de Olot, en la plaza de L’Àngel hay la pastelería Ferrer, que fue reformada en 1907 por Alfred Paluzié. En el interior de la tienda, que ha ido pasando de generación en generación, encontramos elementos modernistas destacables, como el techo entablado, parte del mobiliario y la decoración.
Si nos acercamos a la parte más antigua de la ciudad, en la zona entre el Carme y el Tura, hay tres edificios modernistas, muy cerca el uno del otro. La Casa Pujador, en la esquina de la calle del Carme y de la Verge del Portal, es uno de los edificios modernistas más característicos de la ciudad. Es fácilmente identificable por la balconada en el primer piso y la torre circular que se alza hasta el cielo. El estilo es ecléctico y con toques medievalizantes. Casi enfrente, y en la misma plaza del Conill, encontramos Can Escubós, un edificio que se reformó en 1907. Como es propio del Modernismo, las barandillas de los balcones de hierro forjado toman formas curvas y florales, mientras que la cerámica está presente en las aperturas de la fachada.
Pasear por la calle Major y su entorno es un placer para los sentidos, ya que la vida comercial de una ciudad en ebullición nos ofrece un gran espectáculo en forma de productos locales, artesanos y de calidad en los escaparates. Una vez llegamos al final de la calle, justo delante de la iglesia de Sant Esteve, nos encontramos ante la Casa Gaietà Vila, una de las más bonitas y conocidas de Olot. Es un edificio a tres fachadas llenas de colores en medio de la ciudad. Podríamos destacar, entre muchos otros detalles, la planta baja, con amplias aperturas; la primera planta, con una balconada imponente; el tercer piso, con la cerámica vidriada verde, etc. Merece la pena detenerse a observarla un buen rato, ya sea sentado en un banco del Firal o desde la escalinata de la iglesia de Sant Esteve y fijarse en el forjado de los balcones, en el contraste de colores o en la decoración, presente hasta en el más mínimo detalle.
De la iglesia de Sant Esteve tenemos referencias desde el siglo X, cuando estaba en las afueras de Olot, ya que la ciudad se recluía cerca del puente de Santa Magdalena. Ha sufrido muchas reformas a lo largo de los siglos y, actualmente, la mayor parte de la estructura es barroca, pero las escaleras fueron construidas a principios del siglo XX.
Al otro lado de la Casa Gaietà Vila empieza el Firal, oficialmente paseo Miquel Blay. Descansa ahí otro edificio muy relevante en la historia y la arquitectura de la ciudad: la Casa Solà-Morales, hogar de un ilustre linaje de Olot con destacados carlistas y prohombres de la Liga Regionalista. El edificio fue reformado en 1781 por el famoso arquitecto italiano Britlli, que le proporcionó atributos del Barroco rural. Más adelante, entre 1912 y 1916, Lluís Domènech i Montaner reformó la fachada y algunas estancias, combinando con acierto los antiguos elementos barrocos y las nuevas formas modernistas. Podemos destacar las elegantes esculturas en los balcones y los maravillosos esgrafiados. Muy cerca de la Casa Solà-Morales, en el paseo Bisbe Guillamet, más conocido como el Firalet, encontramos Can Joanetes, una antigua fábrica textil reformada en 1994, que actualmente es la sede del Ayuntamiento de Olot.
El último edificio modernista que veremos dentro del casco viejo es la Casa Gassiot, en la calle de Sant Rafael. Esta casa, hecha construir por el médico Jaume Gassiot Magret en 1911, es una obra de Alfred Palouzié, y puede que sea la más medievalizante como podemos ver en los arcos neogóticos y donde el hierro forjado toma la preciosa forma de “golpe de látigo”.
Ahora nos adentraremos en la zona nueva de Olot, la que se construyó a principios del siglo XX, después de derribar las murallas que impedían el crecimiento de la ciudad. Saliendo del casco viejo hacia Les Preses, poco después de la plaza Clarà, está el paseo de Barcelona, que conduce al Eixample Malagrida, proyectado en 1916. En este caso no hablamos de un edificio en concreto, aunque podemos destacar varios, como la Torre Malagrida, que hoy es el albergue de Olot, o la Torre de Can Gou, muy cerca del Parc Nou. Manuel Malagrida, de Olot, había hecho fortuna en América con el tabaco y quiso construir una ciudad jardín entera cerca de la antigua ciudad. El proyecto inicial fue obra del arquitecto Joan Roca i Pinet y el desarrollo se hizo siguiendo en gran medida la idea original. Las avenidas espaciosas, las grandes plazas y la disposición circular y radial de sus calles lo hacen un barrio acomodado y singular en la ciudad. Es un buen espacio para dar un paseo, que se puede complementar con la visita al Parc Nou, que está muy cerca, y con los parajes de la Moixina, lugar de encuentro y de inspiración para artistas.
En este ensanche de Olot conviene destacar tres edificios que dejan atrás el Modernismo para adentrarse en el movimiento que lo seguirá: el Novecentismo. En primer lugar, en la calle Vayreda, una vez pasada la Casa Vayreda y el Museo de los Santos, llegamos a la Casa Masramon, que está en el número 6. Este edificio, rodeado por jardines, obra de Rafael Masó, se construyó en 1914 por encargo de Josep Maria Masramon, diputado de la Liga Regionalista. El estilo se encuentra a caballo del Modernismo y del Novecentismo, destacando este último. Muy cerca, en la calle Bisbe Vilanova, también podemos ver dos edificios de uso industrial, uno delante del otro: la fábrica Descals y el garaje Sacrest. Plenamente novecentistas, destaca todo el conjunto, de una belleza difícil de encontrar en este tipo de edificios, los colores y las aperturas.
Hemos podido ver cómo a finales del siglo XIX y a principios del XX, en Olot se sumaron la capacidad económica y el gusto de una parte de la burguesía, con los conocimientos y la creatividad de los arquitectos para crear unos edificios de una belleza excepcional.
Pero el Modernismo también dejó huella en otros pueblos de la comarca. En este sentido, el valle de Hostoles fue uno de los epicentros del Modernismo, más allá de Olot. En Sant Feliu de Pallerols encontramos Can Casas, un edificio de principios del siglo XX que fue una tienda de venta de chocolate y café y, más tarde, una farmacia. De este edificio podemos destacar las cerámicas pintadas o el trabajo con la madera y la forja, además de muchos otros elementos muy bien conservados.
Por otro lado, en Les Planes d’Hostoles también se conservan varios edificios modernistas. Uno de los más significativos son las escuelas, inauguradas en 1918, que aún siguen desempeñando esta misma función. Siguiendo por la misma acera, unos metros más abajo, está Can Garay, construido en 1906. Podemos destacar el amplio jardín y la torre recubierta de cerámica vidriada. En Les Planes también hay que destacar la Torre dels Tilers. De esta casa, proyectada en 1912 por el arquitecto de Barcelona Enric Sagnier (1858-1931), del cual, entre sus obras, destaca el Tibidabo de Barcelona, podemos destacar rasgos modernistas como los elementos con reminiscencias florales o la cerámica vidriada. Con el paso del tiempo ha sufrido varias reformas y ha tenido una historia singular, desde el paso del general Líster durante la Guerra Civil, que la incendió al huir, hasta el rodaje de algunas películas, más recientemente.
Igualmente, en La Vall de Bianya, cabe destacar el Mas La Riba dels Hostalets de Bianya, una masía edificada en el siglo XIV, pero reformada en 1906 por Rafael Masó. Cabe prestar atención al gran jardín de inspiración inglesa, los abundantes elementos decorativos y la gran cantidad de elementos hechos con cerámica.
Así pues, el Modernismo nos ha permitido hacer un recorrido por la ciudad de Olot y por algunos pueblos de la Garrotxa que tuvieron la suerte de ver la construcción de estos edificios durante una época extraordinariamente creativa de la arquitectura catalana. Un período de nuestra historia en la que coincidieron un crecimiento económico, la voluntad de hacer un nuevo país, unos propietarios abiertos a las nuevas tendencias y unos arquitectos con una creatividad y conocimientos que aún hoy sorprenden al mundo y son objeto de admiración.
Entre todos nos han dejado un patrimonio para admirar y disfrutar.
¿Te gusta dibujar y pintar? Normalmente, a todos los niños y niñas les gusta. Muchas personas, a medida que van creciendo, dejan de hacerlo. Pero hay otras a las que les gusta y se dedican a ello el resto de su vida. Son los hombres y las mujeres que se dedican a la arquitectura, a la pintura, a la forja, al diseño, a la cerámica, a la escultura, etc. A lo largo de la historia se ha pintado de varias maneras y sobre diferentes materiales. Pasa lo mismo con los edificios: a lo largo de los siglos ha ido cambiando el estilo de construirlos. Desde las primeras cuevas donde vivíamos los humanos, hasta a nuestras casas ha habido muchas maneras de construir edificios. A finales del siglo XIX, en Cataluña, se impone un estilo que conocemos como Modernismo.
El Modernismo estaba abierto a nuevas maneras de hacer las cosas y además les gustaba recrear figuras del Gótico catalán, un estilo utilizado hacía siglos. Querían hacer los edificios bien bonitos y con unas fachadas llenas de colores. Los acabados toman formas curvas, hay estatuas que lo decoran e incluso el hierro de los balcones toma formas retorcidas. Hay algunas formas que nos recuerdan al movimiento de un golpe de látigo.
En Olot y en la comarca de la Garrotxa se construyeron diferentes edificios siguiendo este estilo. Podremos dar un paseo por Olot y ver varias casas modernistas. Podemos fijarnos en los balcones: ¿Qué forma tienen? ¿Hay cerámicas decorándolos? ¿Qué colores utilizan? ¿Te gustaría vivir allí?

Curiosidad

Después de dos años de guerra carlista y muchos meses de asedio, el 16 de marzo de 1874, la ciudad de Olot se rendía al general carlista Francesc Savalls. Este hizo el parlamento de la victoria desde la Casa Solà-Morales, que pocos años después cambiaría completamente su aspecto con la reforma de la fachada que hizo Lluís Domènech i Montaner, combinando los elementos barrocos con las técnicas modernistas. Pero antes, en aquel discurso, después de felicitar a sus hombres y agradecerle a Dios la ayuda, Savalls reivindicó los fueros y las libertades de Cataluña. El parlamento terminó con estas palabras: “¡Romped filas y a engendrar carlistas!”.

Datos complementarios

Recomendación: Que al inicio o al final de la ruta visites el Museo de la Garrotxa, donde podrás complementar la visión del Modernismo de la Garrotxa entre cuadros y esculturas, más allá de los edificios.
Que te fijes en los detalles de cerámica que hay en la mayoría de edificios que se visitan durante la ruta, además del contraste de colores. También es importante poner atención en los pequeños detalles y en las esculturas de los edificios: ¿Puedes ver el águila con las alas desplegadas de la Casa Gassiot? ¿Y la escultura del sagrado corazón de Jesús en la Casa Pujador? ¿Y las cerámicas con motivos florales en la mayoría de los edificios?